Tacos y palabras malsonantes: una justificación

Hay un empeño generalizado en el uso de tacos y hasta de expresiones soeces, que raya con la ordinariez. Como uno se acostumbra a las formas de hablar, la ordinariez va perdiendo valor de impacto y al final ya no llama la atención;  entonces el grado de ordinariez ha de subir de tono.

El objetivo de este artículo no es modificar el comportamiento de nadie, sino tan solo de intentar entender por qué ocurre esto; y más a tempranas edades, adolescentes apenas salidos de la infancia, donde el querer aparentar que se es mayor me parece una justificación incompleta a esa costumbre del taco sin venir a cuento.

Que jure contra todo lo que se menea un hombre de manos encallecidas, mal acostumbrado al trabajo físico duro, a los sinsabores de unos hijos desagradecidos y retadores, a una vida que no entienden; pues, por mí, pase. Recuerdo años atrás, cuando los me cago en ofendiendo a la religión y al cielo eran patrimonio únicamente de esos hombres acostumbrados a poner ladrillos a tres bajo cero en un séptimo piso. Eran otros tiempos.

Ahora en mi vida diaria de profesor me sorprenden esos tacos que solo parecen dar valor y autoridad a unos muchachos que se llenan la boca de términos barriobajeros, rayanos en el mal gusto. Muchas veces traspasando ese muro invisible entre la ordinariez y la chabacanería más vulgar. Mis alumnos, y aquí incluyo también a las chicas, usan los tacos a diestro y siniestro. No sé dónde los habrán aprendidos, ni tampoco me importa mucho.

Además de tacos utilizan también expresiones que me resultan muy subidas de tono y que me desagradan hasta para poner ejemplos de ellas por lo cargadas de connotaciones sexuales. No tiene uno ya oídos para estas cosas.

Me pregunto el por qué de todo esto que me deja perplejo. No hablamos ya de imprecaciones a los santos, las vírgenes, al mismísimo Dios. Estos niñatos ni creen en nada ni lo necesitan, así que hasta pasan de juramentos ofensivos a la religión. En una ocasión le pregunté a un mozalbete que significaba eso de «el copón», en versión de nuestros mayores «el copón bendito». Obviamente no tenían ni idea (palabra que siempre acompañan con «ni puta» y que alguno a lo mejor escribe así «niputaidea») del significado de copón. Así que vete tú ahora y cuéntales que lo de copón viene de la misa, de la consagración, de la transubstanciación, de la copa sagrada (argumento de muchas películas) y demás. Se me ocurre decir que esta ignorancia, sí que es el copón bendito.

Pues bien, tal vez haya en las formas soeces de expresarse una manera de buscar palabras propias, auténticamente nuestras, del que habla. Palabras que hay que rebuscarlas, como señalaba anteriormente, entre los arquetipos de términos apegados a las sensaciones y sentimientos (ir a palabras auténticas). El lenguaje materno es el auténtico lenguaje del ser humano, porque con él es con el que mejor se expresan dichos sentimientos. Recurrir a los tacos, a las expresiones malsonantes puede ser una forma inconsciente de luchar contra toda esa jerga de palabras inauténticas, políticamente correctas, anglosajonamente correctas, de las que estamos hartos porque no significan realmente nada y las tenemos que traducir. Y ya se sabe, traducir de un idioma a otro es tarea imposible cuando las palabras están cargadas de sentimientos.

 
Así que si antes criticaba los tacos, ahora digo lo contrario: bienvenidas esas expresiones si manifiestan lo que realmente sientes; pero aprende a decir tacos con estilo y a buscar otras palabras arquetípicas con las que sientas realmente que eres tú, que es tu lengua, que son tus sentimientos, que puedes llamar la atención del que te escucha. Es lo mínimo que se puede pedir.

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