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Según Robert Louis Stevenson «un personaje de ficción es una hilera de palabras».

No sé si Días de caminar pudiera llegar a ser algo más que unos personajes y una hilera de palabras. En efecto, casi todos los personajes se dan el relevo unos a otros, y es únicamente el narrador, Isidoro, quien actúa como auténtico cronista permanente del relato recogiendo las palabras de la gente, describiendo el paisaje que le rodea y tratando de amalgamarlo todo con sus propios pensamientos.

Puede que esto no sea una novela, ni un libro de viajes. El autor se proyecta en el personaje, pero este es el que justifica la vida del autor, y también quiere hacerlo con la del lector. Tal vez por esto Días de caminar no sea una novela como tal. El final, al final, no vas a poder distinguir lo real de la ficción, la vida de Isidoro de la vida de quien lo imaginó, y solo te van a importar las palabras, palabras,… que buscarás para resucitar algo dentro de ti que tenías olvidado, pero que estaba escondido como los arquetipos que veía Carl Jung en el alma humana.

Cuando llega la última página del libro, esta no es tal, porque el protagonista sigue viviendo en su acción y de su acción. Aunque se acabe lo escrito, los caminos, las sensaciones e Isidoro siguen ahí, en su esencia de sentir y caminar, tratando de influir en el lector, repitiendo otra vez el mismo camino mientras duren los días, porque esa es la historia de los hombres: repetirse eternamente y… subsistir.

ALGUNOS TESTIMONIOS